Drop Duchy [Análisis]

Título: Drop Duchy.
Género: Estrategia.
Desarrollador: Sleepy Mill Studios.
Editor: The Arcade Crew.
Fecha de lanzamiento: 05/04/25.
Precio: $7,19.
Plataformas: PC.
Disponible en: Steam.
Review: Realizado en su versión de PC con una copia de prensa proporcionada por The Arcade Crew.

Crea el ducado de tus sueños con las figuras geométricas que han preparado los chicos de Sleepy Mill Studios. Drop duchy llega para convertirse en la nueva adicción de los amantes a las cartas. La pesadilla de los fanáticos RogueLike. La obsesión de los seguidores de Tetris. Es una aventura que adopta lo mejor de la estrategia en tiempo real con ese embriagante formato city builder en un peculiar sistema de juego que recuerda a la gloriosa obra de Pazhitnov.

La obra del estudio francés ofrece un lienzo en blanco. Un tablero enorme a la espera de ser habitado por toda clase de piezas para formar líneas especiales con los que obtener valioso recursos. Todo esto viene acompañado, (como no podría ser de otra forma), con un precioso arte minimalista que captura la esencia medieval. Vibrantes. Embriagantes. Fortalezas de piedra en un bloque. Campamentos militares en el otro. Canteras con minas. Cada pieza representa diferentes tipos de terreno: bosques, ríos o llanuras, y su colocación adecuada permite recolectar recursos esenciales: madera, piedra, trigo, y mucho más. A medida que completas líneas, no solo obtienes recompensas, sino que también activas la exploración, lo que permite expandir el territorio para fortalecer la posición.

Tetris es uno de mis videojuegos favoritos, es más, he dedicado una cantidad anormal de horas a deslizar piezas. Cuando supe que habían encontrado la forma de incorporar su fórmula en una aventura de construcción de mazos a lo RogueLike, pues, había perdido la compostura. Tenía dudas sobre su funcionamiento, pero tras dedicarle más de 50 horas, (gracias totales a la gente de “The Arcade Crew”) he confirmado que todas esas grandes influencias por detrás se han interpretado con mucho éxito. Sleepy Mill Studios tiene algo especial entre manos. Drop Duchy tiene un Gameplay enmarañado con múltiples capas a las que debemos estar expectantes cada vez que colocamos una pieza. Invita a reflexionar cada movimiento. Desafía a construir con cabeza. Genera retos ofensivos con un sistema de combate peculiar. Demanda exploración. Pero sobretodo, requiere tiempo. Es uno de esos juegos que completaremos en unas dos o tres horas, sin embargo, para realmente valorar todo su contenido, experimentar todas y cada una de sus cartas necesitaremos de muchas horas. A fin de cuentas, tiene más de 100 cartas únicas con las que personalizar el mazo para adaptarlo a nuestro propio estilo. Estas cartas ofrecen mejoras para estructuras, bonificaciones para el reclutamiento de soldados y otras ventajas estratégicas a través de sus sinergias.

Por ejemplo: el bloque representa al bosque frondoso, mientras que una “L” representa un edificio de produccion como la casa de Tala, de modo que al conectar ambos se genera una sinergia. Los bosques se convertirán en una llanura, y así, obtendremos madera para más tarde intercambiarla en los diferentes gremios o mercados.

Lo que me recuerda. Drop Duchy tiene dos tiempos marcados. Los momentos de exploración y construcción. En el primero navegaremos por un exuberante mapa compuesto por diferentes nodos, donde usar todos los recursos que fuimos cosechando a lo largo de la partida. A su vez, estos nodos se dividen en áreas de comercio como los gremios o mercados, como también regiones de juego pacíficas, donde evitar cualquier conflicto para construir sin más, como también otras que recompensan la ofensiva disminuyendo las filas del ejército del Rey. Estas últimas regiones determinan el camino hacia la construccion: el modo “Tetris”, donde sacar ese arquitecto que llevamos dentro. En base a estos momentos, Drop Duchy crea una divertida experiencia con cientos de misiones a las que mirar con reojo para obtener monedas especiales que más tarde podremos intercambiar por cartas permanentes únicas en su árbol tecnológico.

A causa de su naturaleza roguelike, es prácticamente imposible experimentar todos sus caminos o cartas en una sola partida. Aun cuando su RNG es bondadoso. Drop Duchy cuenta con tres modos de dificultad con los que experimentar el modo clásico o sus retos. El primero como su nombre lo indica es la campaña de toda la vida, donde tirar para adelante a lo largo de tres actos enfrentando jefes hasta chocar con el Rey al final del camino. Cada uno de esos Jefes ofrece enfrentamientos únicos que alteran por completo el campo de juego, y pone a prueba todo lo que aprendimos durante el tutorial y el camino recorrido. Sleepy Mill Studios también ha añadido tres facciones jugables: The Duchy, The Republic y The Order. Cada una de ellas ofrece misiones y recompensas específicas, lo que añade una capa extra de profundidad a la experiencia de juego.

Con semejante cantidad de contenido me lamento que no cuente con un modo libre para disfrutar de manera independiente y sin ningún tipo de restricción de todo lo que tiene para ofrecer. El modo campaña tiene una buena base. Muestra su mejor rostro en el juego largo tras dedicarle un buen puñado de horas desbloqueando cartas en su árbol tecnológico o mejorando cartas con recursos o tras probar el resto de sus facciones o modos de juego. Claramente, cuenta con una base sólida que  va mejorando gradualmente con todo ese contenido expansivo. Sin embargo, no puedo evitar pensar que hubiese sido de su futuro si tuviese un modo cooperativo y online. Muchas de sus virtudes están totalmente desaprovechadas por las propias limitaciones de su fórmula. Aunque el terreno tampoco deja demasiado margen para la prueba y error. Cada acto ofrece nuevos desafíos a los que anticiparse, por suerte podemos escoger nuestro deck antes de dar el salto final al campo de juego.

Se gasta un arte precioso. Usa una paleta de colores fuera de serie para representar ese tono cálido y vibrante de la era medieval. Me encanta el formato de tablero para expandir el reinado. Un lienzo en blanco a la espera de ser rellenado por una pieza, y como estas cobran vida al tocar fondo. Como los campamentos cobran vida. Como los arboles caen para dar lugar a una vistosa llanura. Como los campos se tiñen de amarillo para entregar algo de trigo. La magia de esa acción dinámica al conectar con líneas a modo de arteria las diferentes fabricas militares para unirlas bajo un solo estandarte. Todo esto con un inmaculado arte minimalista que no tardara en recordarnos a Bad North o Dorfromantik.  Destaca su estilo artístico encantador que combina la simplicidad geométrica con una estética medieval. Los colores vibrantes y las formas limpias facilitan la identificación de los elementos en pantalla, mejorando la experiencia de juego. Por su parte, la banda sonora, por su parte, utiliza instrumentos tradicionales como flautas, laúdes y violines para crear una atmósfera envolvente que complementa perfectamente la temática del juego sin sacarnos de ambiente.

Drop Duchy no es más que otra de esas grandes revelaciones francesas. Un juego de construcción de cartas que adopta el formato de Tetris para volcarse hacia la estrategia en tiempo real a lo City-Builder. Una combinación tan mortífera como adictiva, que el equipo sabe controlar para mantenernos atrapados en rondas interminables. Esa carrera por conseguir recursos o vencer al Rey de turno es pura crema. Tan preciosa como su propio arte. Aunque su gran virtud también es su mayor sombra. No tener el tiempo suficiente para disfrutar de manera pacifica de todo lo que tiene para ofrecer o forzar combates difumina su grandeza. De todas formas, al momento de inclinar la balanza sus bondades sobresalen sin demasiados problemas. Drop Duchy es un deckbuilder diferente, adictivo y con un RNG permisivo. Espero ansioso por sus futuras actualizaciones.

Puntuación: 4 de 5.
  • Una curiosa mezcla de Bad North, Dofromantik y Tetris.
  • Cientos de cartas con toda clase de atributos.
  • Gameplay simple e intuitivo, pero con mucha estrategia de por medio.
  • Artisticamente es precioso.
  • Algun modo libre para experimentar con todo lo que tiene para ofrecer.
  • Algunos picos de dificultad que rosan lo injusto con el Acto Final.

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