Deliver At All Costs [Análisis] [PS5]

Título: Deliver At All Costs.
Género: Sandbox.
Desarrollador: Far Out Games.
Editor: Konami.
Fecha de lanzamiento: 22/05/25.
Precio: $14,29.
Plataformas: PC, PS5 y Xbox Series.
Disponible en: PlayStation Store y
Steam.

Imagina estar al volante de un camión de reparto en una versión caricaturesca de los años 50: moteles rosa chicle, diners con música de neón salpicando las paredes, música rockera sacudiendo los parlantes, y anuncios de radio que suenan como una cinta vieja. Esa es la sensación que deja Deliver At All Cost en sus primeros minutos. La aventura de Far Out Games con el apoyo de KONAMI se presenta como un juego de acción desenfrenado, donde las locuras se convierten en su principal medio de comunicación. Alocado, divertido y simple. Piensa en un GTA sin armas, pero con mucha, muchas físicas por detrás. Destruir es un nuevo recurso narrativo y ese camión maloliente y amarillento es el pincel más pintoresco que encontraremos.

Antes de RAPPI. Antes de PedidosYa, estuvo “We Deliver”. La premisa es tan simple como loca: Winston Green es un sujeto irritable con un pasado de lo más turbio, pero con una mente brillante. Vamos, todo un manitas, que por azares del destino quedo desempleado. En su búsqueda por un trabajo estable acabo chocando en las puertas del servicio de mensajería “We Deliver” convirtiéndose en su nuevo empleado encargado de entregas cada vez más absurdas y peligrosas. Aunque el tono general es de comedia ácida, hay un trasfondo de tensión nuclear, rutina laboral y acumulación de locura que se va in crescendo minuto a minuto. La trama se desarrolla a lo largo de  tres actos. Todo parte como si fuera un encargo cotidiano: llevar un paquete, pintar unos melones echados a perder, conducir un auto embrujado a un volcan… cosas normalísimas, vamos. Pero conforme Winston cumple misiones, su vida se retuerce: empiezan a aparecer explosiones de cordura, secretos de su pasado y una paranoia creciente entre los personajes secundarios. Tampoco esperen una historia elegante o dramática. Aquí lo que brilla es la excentricidad. Lo que mantiene enganchado es ver qué tan ridícula puede ser la siguiente entrega, al tiempo que te preguntas ¿qué demonios le pasó a Winston para tener semejante temperamento explosivo? La narrativa mezcla comedia negra, terror psicológico en dosis suaves y un ligero tono conspirativo nuclear. Llega un punto en que todo se derrite en lo absurdo… para bien o para mal.

Toda su disparatada acción con ese humor ácido no tardo en recordarme a la serie Postal, (sin su sobredosis de sangre). Deliver At All Costs se desarrolla durante los cincuenta en la costa Oeste de EEUU con ese agradable toque retro vintage. Todo está diseñado para evocar el estilo de los años 50: carteles publicitarios con tipografías clásicas, ropa de corte polka y Rock&Roll en las radios, que por alguna razón me recordó a Mad Men. A lo largo de la aventura visitaremos tres ciudades de lo más variadas, cada una con su toque especial. La isla caribeña St. Monique (un área tropical con el océano lindando en sus espectaculares playas, donde hacer piruetas locas con el vehiculo), el pueblo rural Shellington Falls (no podia faltar el paisaje montañoso surcado con granjas) y la metrópolis industrial de New Reed, una jungla de cristal con un bullicio fuerte. Cada una de ellas ofrece sus propios distritos, aunque con unos molestos tiempos de carga que empañan un poco la experiencia. Incluso en PS5 tiene una ligera demora.

Una de sus grandes virtudes proviene de su nivel de destrucción, que roza lo absurdo.  Far Out Games no ha escatimado en lo absoluto con su sistema de físicas, es más, se sacó una licencia especial con matrícula de honor: romper ventanas, postes, edificios, mobiliario urbano… prácticamente todo puede caer en pedazos con solo un impacto. Me quede alucinando cuando me lleve por delante una casa de playa, como esta se redujo a un puñado de escombros. Las misiones son variadas: algunas son únicas y disparatadas. Como dijeron sus creadores, buscan que cada misión tenga un «gancho» diferente: unas veces conducimos para entregar algo especial, otras vas a pie reparando llantas en medio del caos provocado por ciudadanos furiosos o bajas por gravedad de dibujos animados. Siempre habrá algo especial que nos llamara la atención de una forma u otra. Resulta divertido ver a los mismos ciudadanos corriendo por las calles persiguiéndonos tal cual policía.

Lo primero que vino a mi cabeza cuando agarre los mandos fue GTA: ese acento en el caos, ese frenesí, era deliciosamente adictivo. También no pude evitar recordar a Crazy Taxi por su sensacion de velocidad y las entregas locas que le siguen por detrás. Como todo buen sandbox podemos bajarnos del coche para hacer de las nuestras por los alrededores, explorar el mapeado haciendo parkour en busca de coleccionables o interactuar con otros NPCs. De todas formas, lo bueno viene al momento de ponerse tras el volante pisando el acelerador, esquivando multitudes o rompiendo cosas. Claramente, no tiene un sistema de combate al no estar dirigido hacia ese terreno, pero la navegación sobre ruedas se le da bastante bien. Además, acompaña todo eso con un excelente sistema de físicas: coches que vuelan, rebotan o se parten de formas chistosas. Una llanta ponchada puede cambiar por completo el rumbo de una misión. Gente alocada correteando por las calles que complicaran el día. Es impredecible, sí, pero eso es justo lo que le da ese tono loco y memorable.

Tiene mucha libertad de por medio con reacciones de lo más peculiares del pueblo comportándose cada vez más locos dependiendo de nuestros actos (bloquean el paso, sacan del vehículo y  avientan objetos). El escenario no se queda atrás, es todo un festival de explosiones. Cada misión suma un twist nuevo, una mecánica distinta. Reparar en medio de un motín, esquivar bombas, cargar bártulos extraños, lidiar con la gravedad loca, etc. Esa naturaleza impredecible lo separa de otros juegos de «conducción y destrucción». Desde el primer encargo te das cuenta de que el estudio se esforzó por que nada se sienta repetido. Afortunadamente, los controles son intuitivos y responden con mucha precisión a cada una de las acciones para que su experiencia se sienta más divertida. La conducción del coche es una maravilla. Aunque me hubiese gustado que la versión de PS5 aprovechase las bondades técnicas del dualsense para ofrecer un entorno más inmersivo.

Supongo que es momento de encontrarle costuras, y vaya que las tiene. Deliver At All Cost es un sandbox, y como tal hace de la locura su principal medio de comunicación. Misiones que van de menos a más, pero el grueso de su historia va perdiendo fuerza con tantos giros. Giros que deberían formar parte de su cámara, pero al tener una rotación limitada deja puntos ciegos que afectan la conducción o la propia exploración a pie. Resulta extraño que no tenga una cámara completamente libre como sucede en el género. De todas formas, con el paso de las horas uno termina acostumbrándose a los paneos de cámara. Otra de sus chapuzas viene por el lado técnico por sus continuos tiempos de carga. Cada vez que accedemos a una nueva zona o incluso al entrar a un edificio nos veremos con una pantalla de carga. Es algo tedioso que rompe con el ritmo de juego. De nada sirve que el juego funcione tan bien y arroje una sobredosis de accion, si cada dos pasos me arroja una pantalla de carga.

Gracias a la gente de Konami pude jugar a su versión de PS5. En lo estrictamente técnico no he encontrado demasiados problemas salvo el mencionado tiempo de carga. En la consola de Sony el juego se comporta realmente bien. Deliver At All Costs está desarrollado en Unity lo que le permite moverse a 4K (en consolas) con texturas limpias y una iluminación colorida. El estilo artístico es caricaturesco, con vehículos y escenarios modelados en 3D pero de formas sencillas, lo que hace que vaya ligero en hardware de nueva generación. Ademas trabaja muy bien su ambientación para dejarnos unas postales de ensueño con las que quedar perdidamente enamorados por la fuerza de sus colores. Ese toque retro vintage es todo un orgasmo que corre a 60fps fijos.  La fluidez es muy buena: el juego corre de forma estable en PS5, manteniendo el rendimiento incluso cuando destruyes medio barrio a la vez.

¿Vale la pena? Como no! Es todo un festival de colisiones con físicas cada vez más locas en una época tan nostalgica. Si disfrutas de la destrucción, el humor ácido y las cosas inesperadas, no deberías perder un segundo más de tu tiempo, y ponerte tras el volante. Deliver At All Cost hace del caos un nuevo lenguaje, ¿Saben que? Se le da muy bien. Desde Postal que no la pasaba tan bien haciendo el loco. La obra de Far Out Games no se complica la vida. Solo tiene un objetivo claro: Divertir. Que mejor forma de hacerlo que con un personaje chalado tras el volante. Misiones que escalan rapidamente, y un refrescante apartado visual que saca lo mejor de los cincuenta con ese toque vistage y los colores pastel. Joder, si pensaba que se trataba de Mad Men sobre ruedas.  Si te llama la atención la idea de destrozar ciudades en 1950 con una sonrisa de Joker, este juego es el combo perfecto: caos, estilo y humor.

Puntuación: 3 de 5.
  • Una ambientacion ciencuentera muy conseguida.
  • Artisticamente luce espectacular.
  • Misiones divertidas y de lo más excentricas.
  • Muy buen rendimiento en la versión de PS5.
  • Controles precisos e intuitivos.
  • La camara deja algunos puntos ciegos que entorpecen la experiencia.
  • Los tiempos de carga son tediosos.
  • La historia va perdiendo fuerza hacia el final de la aventura.

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