Turbo Kid [Review]

Título: Turbo Kid
Género: Acción.
Desarrollador: Outerminds.
Editor: Outerminds.
Fecha de lanzamiento: 10/04/24.
Precio: $10,49.
Plataformas: PC y Nintendo Switch.
Disponible en: Steam.
Review: Realizado en su versión de PC con una copia de prensa proporcionada por Outerminds.

No es ninguna novedad que la plataforma de financiación colectiva de Kickstarter se ha convertido, por mérito propio, en un puente entre desarrolladores/jugadores al ofrecer un dialogo mucho más directo y fluido. Desde sus inicios ha abierto un camino impensable en la industria de los videojuegos, en tan solo un par de años ha crecido sustancialmente. Los estudios pequeños se han incorporado en este sistema, y con ello han pudieron cumplir sus ansiados sueños creando experiencias memorables e igual de ambiciosas, que de otra forma no hubiesen sido posibles, nótese Darkest Dungeon, Hyper Light Drifter, Hollow Knight, Rain World, Pillars of Eternity o Divinity Original Sin.

Más allá de lo obvio, esto también dio un respiro importante a géneros absolutamente abandonados como el cRPG tradicional, que renacio por completo, y que hoy en día exista un coloso como Baldur’s Gate 3.Si bien, la espera por el proyecto final es más larga de lo anticipado, nada quita la satisfacción de apoyar un proyecto y ver su evolución, desde su nacimiento y eventual crecimiento tras cada día, mes y año, ya sea a pequeños o grandes pasos. Me resulta importante hacer semejante repaso porque llevo demasiado tiempo sin ver los frutos de Kickstarter, de un tiempo a otro han parado por completo su producción y muchas asignaturas pendientes entraron a una cámara de criostasis, (Last Life, Wanderer, Witchcraft, Little Devil Inside, Star Mazzer y muchos otros).

Lo que nos traslada a la aventura de hoy, Turbo Kid, secuela videojueguil de ese genialidad del séptimo arte, que no tardo demasiado tiempo en convertirse en un clásico de culto al que acudir cuando sentimos un puñetazo de nostalgia, con esa fuerte vibra noventera, una ajustada dosis de humor en un yermo post-apocalíptico a lo Mad Max juvenil, que le sienta de mil maravillas. No solo eso, sino que inmediatamente tuve flashbacks de Scott Pilgrim vs The World, otro nirvana ochetentero que ha despertado recientemente cual ave fénix con su nueva serie animada. Lo mismo sucede con Turbo Kid, que con más de nueve años a fuego lento ha regresado con un Metroidvania sobre ruedas de museo con mucha personalidad, que no desearemos parar de pedalear esa preciosura de BMX.  Siento que Turbo Kid es mucho más que un simple videojuego, sino que funciona como una experiencia sensorial con la que experimentar el arte desde otra forma.

¿Hace falta echarle una mirada a la película? Por supuesto. Turbo Kid es una secuela directa del film de 2015, que continua exactamente tras los eventos de la misma con un adolescente intentando hallar su lugar para convertirse en el guerrero solitario que el páramo apocalíptico necesita. Otro carrusel de emociones con una buena dosis de humor, y como no, muchísima acción con la que mantenernos despiertos machacando toda clase de alimañas o pedaleando esa majestuosa BMX. Durante la aventura conoceremos toda clase de gente a quienes socorrer en sus contratiempos, así forzaremos nuevas amistades. Valiosos vínculos que necesitaremos para que nuestra transición sea mucho más suave, siendo Naomi, uno de los primeros rostros amigos que nos mantendrán en movimiento con sus direcciones e inusuales recados. Existen muchos que necesitan de ayuda extra para sentirse seguros en el yermo.

Justamente eso es lo que hace sentir tan orgánicamente viva a esta aventura. Esa excitante sensación de pertenencia que genera New Hope. Nexo, que recordara al icono Dirmouth de Hollow Knight o la ciudad de Cvtodia en la serie Blasphemous, de modo que funciona como un refugio al que acudir para descansar, conseguir alguna que otra mejora y echarse un par de charlas con los habitantes para desentrañar los misterios de su electrizante Lore tecnológico. Para ello tendremos que camuflarnos entre la sociedad para participar en sus reuniones religiosas, donde observaremos en detalle las horridas experimentaciones biomecánicas del Predicador, con los secretos de los engranes. Para tratarse de una adaptación o más bien secuela de una película de culto se ha limado muchas asperezas para crear una historia de lo más absorbente. A raíz de ello fortalece sus vínculos narrativos a través de diálogos de texto, conversaciones dinámicas, documentos y cómics desperdigados por todo el yermo, y como no, con ese precioso lenguaje visual que da sentido a cada una de sus composiciones.

Aun así, si decidimos pasar olímpicamente de su historia podemos hacerlo. Adelantar cada uno de los diálogos, evitar el libro de tareas con toda la bibliografía, y echarnos a pedalear sin más. De una u otra forma terminaremos descubriendo sus majestuosos personajes cargados de carisma y humor con frases divertidas que nos harán soltar alguna que otra carcajada, y tendrán lista alguna tarea peculiar a completar, como los desafíos en bicicleta del Sr. Triksy. También me recordó a Narita Boy con los Flashback narrativos, donde toma protagonismo Apple exponiendo el lado más humano y sensible del guerrero solitario. Quién lo diría que debajo de todo ese equipo meta-humano aún existe un ser de carne y hueso. Me encanta la dedicación que tiene su cuaderno, tal cual libro de tareas, donde recoge todo tipo de anotaciones que van desde los personajes, enemigas, áreas e incluso tareas pendientes con el fin de mantenernos en órbita, e incluso observaciones mucho más especiales. El sistema de coleccionables a base de objetos o comics también ayuda a fortalecer aún más su relato y mantiene una importante dosis de inmersión con la que nos mantiene atrapados en su electrizante páramo.

Tenía dudas sobre como funcionaria exactamente sobre el papel la aventura de Outerminds, y me alegra descubrir que es tan suave como un fino reloj suizo. Un juego de acción de alto voltaje con un sistema de combate intuitivo tanto a distancia como al cuerpo a cuerpo. El guantelete recuerda bastante a Mega-Man, y no es para menos, tiene una potencia destructora simplemente incontrolable, que se llevara puesto todo lo que apuntemos, especialmente si nos echamos a cargar energía. Un sistema de combate fluido que se mimetiza de manera acertada con el propio entorno para crear escenas dinámicas y ofrecer algún que otro rompecabezas ambiental con el que generar mayor tensión. Aunque nada que entorpezca demasiado la experiencia global. Claramente, Turbo Kid es un Metroidvania de manual, por lo que tendremos que avanzar de manera secuencial sobre el páramo hasta conseguir la habilidad o accesorio de turno, que nos permita avanzar un poco más.

El backtracking siempre ha sido una de las aristas más grandes en estos géneros, al grado de amarlo u odiarlo, y Turbo Kid tiene tramos bastante largos sobre los que regresar. Por ello se añadieron cabinas a modo de teletransportes para viajar instantáneamente de un punto hacia otro, y cerca de sus alrededores también hallaremos sofás en los que tirarnos para descansar un par de segundos y reabastecernos de salud o energía. Adicionalmente,  existen multitud de atajos por desbloquear que unen zonas completas y hacen que la transición entre un área y otra sea mucho más natural. Aunque para ello tendremos que rastrillar milimétricamente cada zona. Disparar o golpear paredes desgastadas para abrir huecos secretos. Quien sabe, quizás encontramos un buen botín en el interior. Esa es justamente la magia de explorar su mundo. Siempre tiene algo con lo que recompensarnos y mantenernos interesados por continuar buscando. Ya sea un pedazo de papel perdido con el que rascar un poco más de su historia. Tal vez, un casette gastado para disfrutar de una buena melodía noventera. Quizás con chatarra para adquirir mejoras pasivas con el vendedor local de New Hope.

Lo cierto es que, el mundo de Turbo Kid se siente con vida, donde suceden cosas continuamente y eso transmite cierto grado de genuinidad en la aventura. Además, cuenta con un sistema de interacción con el que podemos hablar, alardear o burlarnos de los NPCs, y en base a ello estos responderán de un modo u otro. Para tratarse de un Metroidvania ha cuidado muy bien cada uno de sus apartados para crear un entorno amigable al igual que hostil. Encuentro que los escenarios son de lo más variados y con un diseño muy intrincado con el que explotar al máximo la BMX para hacer todo tipo de acrobacias mientras nos deslizamos a alta velocidad hacia el objetivo más cercano. Quizas se le echa en falta un sistema de combate sobre ruedas, similar al de LAIKA: Aged Through Times para que la experiencia se sienta mucho más completa, y la bicicleta no sea simplemente un medio de transporte. De todas formas, cada tanto introduce algún que otro Skatepark de alta intensidad, donde sacar a relucir la magia de la BMX, especialmente ante los encuentros con Jefes Finales. Siento que dejan poco margen de error y demandan mucha precisión en cuanto a movimientos. Pese a las dificultades que puedan despertar el plataformeo o los propios enemigos locales, tiene un modo de asistencia para activar ciertos parámetros del juego que harán la exploración o el sistema de combate mucho más agradable, (opción que me recuerda al sistema de anillos de Sea of Star).

Pedaleando fuerte y con estilo! El Turbo Kid a toda velocidad para hacerse un hueco en un género que poco o nada ha evolucionado en los últimos años. Otra alternativa con la que disfrutar un fin de semana pedaleando o machacando toda clase de alimañas, mientras disfrutamos de paisajes radioactivos en un yermo prohibido de lo más preciosos. Se siente la pasión del equipo por dar vida algo genuino y con muchísima personalidad. Es como si Mad Max dejara el coche para conducir una BMX y pulverizar todo lo que de cruzase por su camino. Una furiosa oda sobre la polvorienta carretera del páramo, que dejara enamorado a cualquier fanático del genero, y sobretodo a quienes disfrutaron del film, que encontraran una multitud de guiños con los que sentirse justo como en casa.

Puntuación: 4 de 5.
  • Un viaje hacia los 90s.
  • Se siente como si Mad Max se echara a rodar en una BMX.
  • Metroidvania con mucha personalidad.
  • Una electrizante banda de sonido.
  • Un mundo post-apocaliptico encantadoramente cruel.
  • Ese Pixel-Art es puro arte.
  • Una buena dosis de humor.
  • Algún que otro pico de dificultad.
  • El combate sobre ruedas (a lo LAIKA) no le haria ningún mal.

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