Título: SKATE STORY
Género: Aventura.
Desarrollador: Sam Eng.
Editor: Devolver Digital.
Fecha de lanzamiento: 08/12/25.
Precio: $12,99.
Plataformas: PC, Ninendo Switch y PlayStation 5.
Disponible en: Steam.
Review: Realizado en su versión de PC con una copia de prensa proporcionada por Devolver Digital.
Recuerdo cuando solo era un gif perdido en lo profundo de “Twitter” (ahora conocido como “X”), SKATER STORY fue uno de los tantos juegos que acaparo la atención de las redes sociales con sus salvajes ollies, y la destrucción absoluta de su protagonista; el demonio de cristal. Sam Eng coqueteaba con su comunidad cada fin de semana con nuevo material, a veces se trataba de un pequeño teaser con el que antojar, otras era solamente un Gif, sea cual sea el caso, era más que suficiente para tener babeando a todos sus seguidores, (entre los que me incluyo). Con el año cerrando sus puertas jamas imagine que iba a tener la oportunidad de disfrutarlo en la comodidad de mi ordenador, pero Devolver Digital tenia preparado una última perla para cerrar el año.





He pasado el fin de semana quemando las ruedas del Skate en el asfalto del inframundo realizando toda clase de piruetas salvajes, que incluso podrían a sudar a cualquier miembro del equipo Rocket Power, y debo admitir que he terminado completamente enamorado de lo que ha conseguido Sam Eng. La simplicidad de sus controles para realizar toda clase de acrobacias con solo pulsar dos botones lo acerca a cualquier tipo de jugador, además, ofrece una historia con la que reflexionar sobre un demonio que busca saciar su hambre devorando las lunas de los nueve círculos infernales. Su apuesta por una narrativa ambiental, es una refrescante forma de mantenernos motivados durante sus más de seis horas de juego.
Entonces, ¿de qué va su historia? Sam Eng nos cuenta la odisea de un demonio de cristal que hizo un pacto con el diablo para renunciar a su cuerpo de vidrio solo necesitaba comerse la luna. Sin embargo, la letra pequeña de semejante contrato acarreaba otra clase de problemas, que nuestro cristalino compañero jamás imagino. Devorar lunas suena delicioso, pero difícil. Aun así, eso no le impidio saltar a los diferentes círculos del infierno en busca de estas pelotas de colores. Es como un niño entrando a la heladería fantaseando con el escaparate y cada uno de los sabores. Lo sé, suena ridículo. No tiene ningún tipo de sentido. Sin embargo, ese placentero aperitivo se convierte en una obsesión que motiva lo suficiente a nuestro protagonista para burlar toda la seguridad infernal, y lanzar su propia guerra personal. Nada lo detendrá, ni siquiera el ciempiés legendario.
De esta forma, su campaña se convierte en un ejercicio de supervivencia, pero tambien reflexivo con un embriagante sabor filosófico. Lo que hace brillante a la narrativa de Eng no es solo la premisa absurda, sino la ejecución melancólica y onírica. A diferencia del tono rebelde de otros juegos de Skate, aquí hay una atmósfera de introspección mucho más personal. El viaje hacia el infierno esta colmado de almas torturadas que rompen el arquetipo tradicional. Desde una rana olvidadiza hasta otros demonios que cuestionan la naturaleza de su castigo, la escritura oscila entre el humor negro y una filosofía casi budista sobre el sufrimiento. Es una historia lineal, sí, pero contada a través del movimiento. No hay cinemáticas eternas que te saquen de la acción; la historia se despliega mientras rodamos, mientras el viento del inframundo golpea ese cuerpo transparente.
Vamos a lo importante, ¿Cómo diablos se juega? Pensemos un momento en Tony Haw Pro Skater o Sessions y su sistema de maniobras y puntos. Sam Eng encuentra cobijo en tal concepto, y al mismo tiempo le agrega su toque personal para que la experiencia tenga un sabor diferente. Entonces, tenemos una cámara en tercera persona con una libertad de movimiento absoluta para controlar con el stick derecho, mientras que el izquierdo lo podemos usar para escoger la dirección. En cuanto a los botones, uno para echarse a pedalear, otro para realizar saltos (ollies) y el resto de botones e incluso gatillos se han adaptado para sincronizarse con el salto para realizar piruetas combinadas. Suena demasiado enrevesado, pero déjenme asegurarles que una vez que cojemos el mando no tendremos ningun problema en saltar por las barandas. Se trata de un juego intuitivo con unos controles que responden muy bien, sin ningun tipo de torpeza o retraso, generando que su ritmo de juego sea fluido e igual de inmersivo. No solo podemos echarnos a patinar, sino que tambien podemos correr o caminar para contemplar mejor algunos eventos o incluso recoger objetos. La personalización es uno de sus puntos más fuertes, y para ello tendremos que correr a la tienda más cercana para desbloquear modelos de skate, ruedas, pegatinas y mucho más. De todas formas, muchos de estos elementos tambien los desbloquearemos en el propio escenario al superar retos o ayudar al resto de almas en pena.
Si bien, es un juego de Skateboarding, el modo de hacerlo se va alterando conforme avanzamos en su campaña. Cada uno de sus niveles añade nuevos personajes con nuevos retos, cazar letras fantasmales, superar pruebas de puntos, aplastar enemigos con saltos imposibles, encadenar combos perfectos con una variedad de maniobras, y mucho, mucho más. Skate Story arroja toda clase de retos físicos con los que poner a prueba nuestros reflejos, y como no, paciencia. Muchas de sus pruebas más virales son cronometradas, de modo que un paso en falso o un mal salto nos enviara directo al inicio de la misma, sin embargo, podemos dejar unas balizas a modo de punto de control con los que reducir las repeticiones. Debo admitir que el diseño irregular de sus escenarios deja un sabor agridulce al cortar insistentemente el ritmo de juego. Saltar de patios de cemento totalmente abiertos a recovecos, callejones y áreas mas estrechas donde el minimo error nos envía directo al suelo hace que su inmersión decaiga. Sin embargo, cuando entramos en la zona y las cosas salen bien, pues, es una jodida maravilla. No solo jugable, sino tambien audiovisual.
Claramente, una de las influencias más notorias es su arte minimalista con esos polígonos tan llamativos, que podemos recordar de la Tetris Effect. Su apartado visual es, sencillamente, hipnótico. Sam Eng ha citado su vida en Nueva York como una influencia directa, y se nota. Pero no es la Nueva York turística; es la ciudad a las 3 de la mañana, vista a través de ojos cansados y todas esas luces de marquesina resplandeciendo sobre los callejones. El protagonista es el reflejo mismo del propio entorno, es decir, a traves de su cuerpo de cristal veremos otro rostro del mundo. La iluminación juega un papel crucial, con reflejos en tiempo real que hacen que el suelo «húmedo» del inframundo parezca una pista de baile líquida. A menudo, la cámara se sitúa baja y ligeramente ladeada, imitando el estilo de grabación de los videos de skate clásicos (la famosa perspectiva «fisheye» o de seguimiento cercano), especialmente cuando tropezamos o chocamos contra algún objeto, ese seguimiento de la cámara sobre nuestra cabeza es simplemente brutal.
No se puede hablar de Skate Story sin mencionar su banda sonora. La colaboración con la banda Blood Cultures y el músico John Fio es el corazón del juego. Sam Eng apuesta por un estilo sintetico de pop con ese toque electrónico tan pegajoso que se queda grabado en la cabeza. La música no solo acompaña; dicta el estado de ánimo. Hay momentos de pura euforia donde el ritmo sube a medida que encadenas trucos, y momentos de silencio inquietante donde solo se oye el rodar de las ruedas sobre el pavimento demoníaco. Los efectos de sonido merecen una mención especial. El «clack» de la tabla al golpear el suelo, el «zumbido» de los rodamientos girando a máxima velocidad y, por supuesto, el estruendo desgarrador de tu cuerpo rompiéndose en mil pedazos. Es ASMR para skaters masoquistas.
Durante eones, la luna permaneció inmutable: lejana, hermosa, radiante. Su fulgor era un eco perpetuo en la negrura del vacío. Un abismo sobre el que me había perdido innumerables veces para reflexionar. Allí estaba una vez más, de pie a punto de firmar un nuevo contrato. ¿Por qué haría semejante sacrilegio? El diablo susurro; incluso los demonios sueñan. Me detuve frente un pentagrama para romper la prisión de una patineta ordinaria sin comprender que sus cadenas sellaban un pacto blasfemo, que prometía acercarme al eterno sueño: devorar una luna. Y asi, acabar con el frio reflejo que invade el más profundo de los abismos. Sentir los cráteres de su superficie en la punta de los dedos. Saborear su esencia con mis fauces. ¿Estaba listo para renunciar a todo?
Sin mirar atrás tome la patineta y salte al más profundo de los círculos infernales esperando reclamar la eterna luz omnipotente con la que saciar mi voraz apetito. Surfeando sobre el cemento en llamas encontré todo tipo de retos: físicos y mentales, que sugerían la noche: faroles sacudiendo la negrura, cuervos balbuceando en un idioma prohibido. Y, sin embargo, veía… veía incluso las estrellas en ausencia de la oscuridad. Veía, pero evidentemente no podía ser visto. Solo era un pedazo de cristal sangrando vidrios en la nada misma ¿Qué espantoso sortilegio dominaba mi existencia?





¿Qué es Skate Story? Básicamente, un potente alucinógeno que dejara en trance permanente a cualquiera que se atreva a buscar respuesta a sus preguntas imposibles. Quienes claman por algo de sentido encontraran una barrera abstracta de polígonos, ceniza y negrura infinita, que solo podrá romperse con movimientos salvajes y mucha locura. No se dejen engañar por su pinta minimalista, y mucho menos por su simpleza, SKATE STORY es tan progresivo, como una píldora de éxtasis.
A esta altura no esperaba encontrar ninguna otra sorpresa, sin embargo, Devolver Digital nunca defrauda, tenían que cerrar el año con broche de oro. Pues, vaya pedazo de lingotes se cargan. Es mucho más que un juego de Skateboarding, es la suma de todos sus apartados: el torbellino de palabras que da forma a su narrativa ambiental, la explosión de cristales al colapsar frente un bloque de cemento, y como no, esa música sintética, toda una explosión de adrenalina para tan pocos polígonos. ¿Culpables? Blood Cultures, no tengo idea donde descubrieron esta banda, pero les agradezco por compartirla con el resto de los mortales.
Skate Story es un bicho raro. Luce como un proyecto universitario, pero solo necesita 5 minutos para demostrarte porque es una jodida maravilla sobre ruedas. Su capacidad para reinventar su jungla de cemento lo convierte en el patio favorito de Tony Hawk. Su viaje infernal por devorar lunas es una de las tareas más nobles, inocentes, y ¿Por qué no? Bizarras, que un demonio puede cumplir, quien soy yo para negarle semejante redención a quien lleva sufriendo toda una eternidad.
Puntos Positivos:
- Ese toque filosofico en su narrativa lo diferencia de la media.
- Artisticamente es pura crema.
- Su Gameplay es simple e intuitivo con unos controles solidos que responden a la perfección.
- Un sistema de fisicas simplmeente precioso.
- Cuando deja patinar libremente es toda una maraton: frenetico, alocado y salvaje como un episodio de Rocket Power.
Puntos Negativos:
- Aunque su ritmo de juego no es de los mejores, toda la adrenalina se evapora en un segundo por sus continuos saltos de secuencia.
- El tramo final pierde algo de fuerza.
