Narita Boy [Review]

Título: Narita Boy.
Género: Accion y aventura.
Desarrollador: Studio Koba.
Editor: Team 17.
Fecha de lanzamiento: 26/03/2021.
Precio: $559,99 ARS.
Plataformas: PC, Playstation 4, Xbox One y Nintendo Switch.
Disponible en: Steam.
Review: Realizado en su versión de PC con una copia de prensa proporcionada por Team 17.

Durante años he estado dándole vueltas a la idea de, como iba a funcionar exactamente, aquel nirvana ochentero en el que estaban trabajando arduamente los chicos de Studio Koba. Con cada uno de sus avances no hacían más que despertar mi nostalgia para avivar una candente llama de amor hacia lo retro. No necesite más que un par de minutos en su reino digital para confirmar la clase de maravilla tecnología que había parido los españoles de Studio Koba. Narita Boy era una locomotora imparable de Hype, pero también algo único y extraño. No es solamente un juego, sino una experiencia sensorial y artística en un pedazo de código fuente que permaneció inmutado en el reino digital. Lo que comenzó como un simple hobby hace más de tres años, no tardo demasiado en convertirse en un trabajo de tiempo completo para llevar la pasión de Eduardo Fornieles a la realidad. Kickstarter abrió la puerta a un mundo de nuevas posibilidades y el cielo era tan solo el límite. Poco a poco, la industria española se ha convertido en un referente dentro del mundo de los videojuegos por su capacidad sobrenatural para crear auténticas maravillas técnicas, tales como Arise A Simple Story, GRIS, RiME, Blasphemous, y ahora en aquel panteón dorado se une el legendario guerrero pixelado, Narita Boy.

Pensar en los años 80s es inevitablemente romper en llanto por la magia que suponía tal época con su música sintética, o el cine juvenil con aquellas épicas aventuras grupales, y como no, los salones de recreativas. Aquella fortaleza de la soledad que erradico la timidez de millones de chavales/jóvenes a lo largo y ancho de todo el mundo. Con sus monitores de tubo catódico y los enfermizos juegos de luces eran transportados hacia entrañables mundos virtuales que acogían con su solemne imperfección. Se preguntaran, ¿a qué viene al caso? Lo cierto es que Narita Boy, a su modo,  transporta al jugador a un reconfortante Arcade. Una odisea virtual protagonizada por una persona común y corriente que entra a un majestuoso mundo para librar una épica batalla contra un grupo de entes corruptos. La trama sigue de cerca al “Creador” todo un genio de la informática, que tras largas noches sin dormir y con incontables sacrificios ha logrado construir su propia videoconsola denominada, “Narita One” acompañada por su flamante Floppy Disk, una copia del título estrella, Narita Boy.

En un abrir y cerrar de ojos se ha convertido en todo un éxito al transportar a los jugadores hacia los confines del reino digital para blandir la “Tecno Espada” y con ella aplacar la tiranía de Him y su ejército corrupto de Stallions, la amenaza emergente de un código malicioso. Asimismo, Him es el programa supervisor del volcado de datos y ha enloquecido, de modo que ahora funciona como un virus, es decir, ha comenzado a infectar a todos los archivos del reino digital, por lo tanto, la estabilidad del código se ha visto comprometida y Motherboard, el protector del reino virtual no tiene fuerzas con las que hacer frente a semejante amenaza. Por esta razón se ha activado el protocolo “Narita Boy” que ha seleccionado a un joven usuario de la videoconsola, Narita One para absorberlo y arrojarlo al reino digital, pues, él es el elegido. Esta inusual combinación de mundos, entre realidad y virtualidad ha permitido que la historia rompa a cuarta pared.

Studio Koba ha puesto mucho empeño en el guion, por lo que encontraremos un buen número de personajes con los que interactuar para recibir información acerca del reino y como Him planea acabar con todo lo que ha desarrollado el creador.  Inevitablemente esto se convierte en un arma de doble filo a causa de las toneladas de datos que arroja en breves fragmentos de tiempo, y en consecuente la jerga de la que hace uso con términos estrictamente técnicos que escapan de la media habitual e inevitablemente entorpecen la compresión de los objetivos, no así de su trama, pues esta gira sobre tópicos demasiado comunes como salvar al mundo y hallar la fuerza interior para luchar con valentía. De una u otra forma, Narita Boy ha creado un inmaculado reino digital de pura armonía tecnológica, es decir, el modo en que se interconectan las temáticas ochenteras con lo futurista.   Además, quienes tengan la paciencia de leer en detenimiento cada uno de sus diálogos descubrirá una enfermiza atención por el detalle por crear una ambientación completamente única con la fragilidad del toque humano. Al fin y al cabo, el creador es un sujeto común que tuvo una dura vida, y eso lo descubriremos con cada uno de sus recuerdos. Solo así comprenderemos la verdadera magia de Narita Boy.

En lo referente a jugabilidad encontramos una aventura enfocada a la acción con un sistema de combate dinámico a través de unos pintorescos escenarios bidimensionales, por lo tanto, tendremos que portar la emblemática “Tecno-Espada”, aquella mágica hoja de sinfonía para erradicar a Him y rescatar las memorias del creador. Aunque no será una tarea sencilla debido a que el ente de corrupción ha extendido sus dominios y llevado su letal virus al resto de casas del reino digital. Incluso cuenta con todo un ejército de Stallions dominados por la ira. Por esta razón tendremos que abrirnos paso a puro musculo blandiendo y golpeando a todas estas alimañas, mientras encontramos los diskettes para acceder a las distintas áreas del juego, y asi, obtener mejoras. Siguiendo su temática y al tratarse de un protocolo defensivo, el programa de “Narita Boy” tiene la posibilidad de recibir un puñado de habilidades especiales a través de la “Tecno-Espada”, de modo que, esta se convertirá en una extensión del protagonista al permitir diferentes acciones, tales como un tajo aéreo para acceder a nuevas plataformas, un golpe cargado para romper la barrera enemiga e incluso convertirse en una escopeta de doble cañón para arrasar con su candente ráfaga. Y eso no es todo.

Por el lado defensivo podremos desbloquear movimientos especiales; dash lateral para evadir golpes o un golpe de hombro cargado para romper paredes o los propios escudos enemigos.  Cada una de estas mejoras es de uso constante, es decir, continuamente tendremos que aplicarlas en los combates. Esto se debe al funcionamiento de los enemigos, hay de todo tipo, desde los tradicionales robots lentos y tediosos hasta otros más volátiles al estar equipados con armas de fuego, escudos e incluso chamanes que pueden llamar a su propio ejército de Stallions. A partir de todo este insurgente manojo de ecos virtuales tendremos que combinar nuestras habilidades para superar sus retos. Aunque la dificultad está lejos de convertirse en un factor determinante, al fin y al cabo, Narita Boy nos tiende la mano en todo momento. No castiga los errores y los puntos de control son demasiado amigables, especialmente frente a los Jefes Finales, aquellos colosales entes de color carmesí que tienen un comportamiento agresivo con un sistema de movimientos mucho más avanzado al reaccionar de manera dinámica a nuestros ataques. Existe una enorme variedad de enemigos a los que aniquilar, y del mismo modo, las situaciones van de menos a más.

No todo gira en torno a la acción, sino que también recurre a puzles ambientales en los que tendremos que activar paneles con una serie de símbolos, a su vez, estos se mimetizan con el decorado de los escenarios, por lo que tendremos que ser minuciosos en cada habitación. En consecuencia, la progresión se ve algo afectada por el prolongado ciclo de Backtracking que genera su ritmo de juego, y no solo eso, sino que mucho del encanto de sus escenarios cae en picada por las limitaciones. No hay demasiada libertad para explorar sus escenarios y los bloqueos artificiales en sus extremos tampoco lo permitirán. De todas formas, cada tanto se siente un soplo de aire fresco con situaciones inusuales como montar a los lomos de un servo-caballo mientras evadimos obstáculos, surcar las lagrimas del creador sobre un Floppy Disk o usar de saco de boxeo a los Stallions mientramos controlamos un colosal robot en la ciudad. A pesar de sus esfuerzos por crear un sistema de juego dinámico con un adecuado balance entre acción y plataformas, Studio Koba no logra trasladar del todo bien sus mecánicas a los controles, que presenta imprecisión en los saltos debido al sistema de colisiones.

España lo ha hecho de nuevo, ha demostrado que tiene un talento nato para seducir con su mano creativa. Narita Boy es otro alucinante homenaje a la década de los 80s copiado en tan solo un Floppy Disk. El sueño húmedo de cualquier fanatico de lo retro, a su modo, avienta al jugador al interior de un “Arcade” para convertirlo en el legendario héroe digital y erradicar un virus en potencia. La obra de Studio Koba seduce con su acabado visual de Pixel-Art y su electrizante música de pop sintético, que recuerda a Daft Punk. Narita Boy es una perpetua melodía tecnológica retro-futurista que será el placer de cualquier amante de la informática, como también una dolorosa pesadilla para quienes no estén familiarizados con la jerga, a causa de su profunda narrativa y los abusivos rellenos a los que recurre para alivianar la carga de su trama. Pese a ello, todas las dudas se concentran en su sistema de juego por la aspereza de los controles o el limitado margen de juego que ofrece el reino digital por sus barreras artificiales, que rompen la ilusión de exploración. Aunque la magia sigue allí, intacta en su interior encandilando sus atributos para desencadenar una sinfonía radicalmente preciosa. A lo largo de sus 5/6 horas de juego nos meterá de lleno en un mundo único, en el que los códigos no son simples líneas de caracteres, sino también entes que pueden amar o sufrir por igual, como su creador. ¿Qué están esperando? Es hora de rescatar el reino digital.   

Puntuación: 3.5 de 5.

Puntos Positivos

  • Todo el Lore que gira entorno a su mundo.
  • Visualmente es una jodida maravilla.
  • Una banda de sonido electrizante que va de la mano con sus escenas.
  • Los Jefes Finales.
  • Una historia emotiva que se sigue con interés….

Puntos Negativos

  • Aunque la terminología puede ahuyentar al público.
  • El abusivo backtracking para progresar.
  • Escenarios lineales con poco margen de exploración.
  • Cierta aspereza en los controles.
  • El cliffhanger del final… Indica que hubo un importante tijeretazo de contenido.

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